Animales callejeros en Pacasmayo sufren abandono diario
- Revista Chasqui
- 10 jul 2025
- 2 min de lectura
En Pacasmayo, los animales abandonados sobreviven al descuido diario de una ciudad que aprendió a esquivarlos. ¡Hagamos algo por los indefensos!
Por: Estrella Correa y Gabriela Kikuchi

El sol estaba en lo más alto cuando llegamos a Pacasmayo, junto a mi compañera Estrella Correa. Nuestro objetivo era claro: conocer la situación de los animales callejeros en este lugar costero. Armadas con libretas, celulares y una cámara, nos preparamos para un día que prometía abrirnos los ojos y corazones.
A pocas cuadras del Paseo de la Paz, un lugar transitado y hermoso del distrito de Pacasmayo, ya veíamos los primeros perros vagabundos: delgados, de pelo sucio y con miradas apagadas. Uno nos siguió por unos metros, buscando comida o quizás compañía. Cerca, entre muros agrietados de una casa antigua, un par de gatos se escondía bajo la sombra.
“Es triste”, comentó Estrella. “Uno no sabe si mañana estarán ahí”, agregó.
Nuestra investigación comenzó a las 9:30 a.m. Caminamos hasta el consultorio de la doctora Yaqueline García Fernández, una veterinaria local. En su clínica tiene fotos de animales alegres, pero detrás de esa fachada, las historias son duras. “Aquí lo que más mata no es el hambre ni la enfermedad, es la indiferencia de la gente”, afirmó la veterinaria.
Le preguntamos qué se podía hacer. Ella suspiró y nos dijo: “He visto de todo. atropellos, envenenamientos y crías abandonadas. Aunque organizamos campañas y esterilizaciones, no es suficiente. Necesitamos que la gente sienta empatía, que entienda que es un ser vivo”, sostuvo la especialista.
Salimos de la oficina de la veterinaria con un peso en el pecho, pero aún quedaba otra historia, la señora Giovana Lopes, madre de familia que adoptó a un gatito abandonado en la puerta de su casa, al que sus hijos llamaron Repollo, un gatito plomo y diminuto que ahora duerme plácidamente en un cojín. “Al abrir la puerta, Repollo entró corriendo, pero la devolví a la calle. Seguía maullando y no podíamos dejarlo afuera. Y bueno, aquí está, ya es parte de la familia”, cuenta la señora Giovanna al recordar el día que encontró a Repollo. Le preguntamos su opinión sobre la situación de los animales callejeros. Giovana Lopes bajó la voz y añadió: “Mucha gente sí siente pena, pero creen que es problema de la municipalidad, pero yo creo que, aunque sea uno, si puedes ayudarlo, cambia algo”, agrega.
Aunque algunas organizaciones han emprendido varias campañas, así como en Pacasmayo, en todo el mundo miles de animales indefensos sufren el dolor del abandono y desprecio del ser humano.
Eran las 5:30 de la tarde, mientras transcribíamos los audios, entendimos que este viaje no solo era para relatar la historias de los animales, sino también un ejercicio de empatía sobre las cosas pequeñas que ignoramos y los seres invisibles que caminan entre nosotros. ‘¿Crees que con esto ayudemos en algo’, le pregunté a Estrella. Ella sonrió, y me dijo: “Al menos, ya no somos indiferentes”. Y tal vez, pensé, eso es un comienzo.



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