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Entre libros y turnos

  • Foto del escritor: Revista Chasqui
    Revista Chasqui
  • 11 jul 2025
  • 4 min de lectura

Impulsados por el sueño de superarse, jóvenes estudiantes enfrentan las dificultades económicas del día a día con la mirada puesta en convertirse en profesionales de excelencia.

Por: Gerardo Anhuaman Sernaque y Franco Rodríguez Mercado

COMPROMISO. En la Universidad Nacional de Trujillo (UNT), el 32% de los estudiantes estudian y trabajan.
COMPROMISO. En la Universidad Nacional de Trujillo (UNT), el 32% de los estudiantes estudian y trabajan.

Lunes, un día doloroso como espinas, pero a la vez tan necesario como el sol que marca el inicio de nuestros días. Juan Francisco se despide de su cama, más por obligación que por deseo. En unas horas asistirá a clases y después correrá al trabajo. Esto no es nada nuevo, pero sí cada vez más frecuente: jóvenes universitarios que intentan equilibrar su formación académica con un empleo que les permita solventar sus gastos o apoyar a su hogar.

“Un día normal para mí es de lunes a viernes, literalmente dando la mitad de mi tiempo al trabajo y la otra mitad al estudio, y dejando unas cuantas horas para dormir”, confiesa Juan Francisco, estudiante del noveno ciclo de la carrera de Administración, en la Universidad Nacional de Trujillo (UNT), quien aceptó el cansancio como parte de su vida

En Trujillo, como en muchas otras ciudades del país, cientos de estudiantes viven esta rutina. La necesidad nos empuja a elegir rutas más espinosas para, en el futuro, poder caminar sobre suaves senderos. “Necesito el dinero, lo cual me llevó a buscar un trabajo que se adecúe a mis estudios”, murmura Juan Francisco.

En Trujillo, como en muchas otras ciudades del país, cientos de estudiantes viven esta rutina. La necesidad nos empuja a elegir rutas más espinosas para, en el futuro, poder caminar sobre suaves senderos. “Necesito el dinero, lo cual me llevó a buscar un trabajo que se adecúe a mis estudios”, murmura Juan Francisco.

Más tarde, ese mismo día, nos encontramos en la cuarta puerta de la UNT, cuando escuchamos el chirrido de una moto acercarse. Es André Yparraguirre, quien todavía lleva el casco en la mano y en su rostro hay señales de un día atareado. Mientras camina hacia el pabellón de su facultad, revisa su celular: tal vez un cliente lo está esperando, tal vez alguien le escribió para un trabajo de mesero en algún evento.

todavía lleva el casco en la mano y en su rostro hay señales de un día atareado. Mientras camina hacia el pabellón de su facultad, revisa su celular: tal vez un cliente lo está esperando, tal vez alguien le escribió para un trabajo de mesero en algún evento.

Al día siguiente, nos sentamos en una de las bancas del campus, de pronto vemos a Eva Carrasco Coello caminar a paso firme hacia su facultad. Estudia Antropología en la misma universidad, está en tercer ciclo y trabaja en publicidad para una marca de ropa. Dice que organiza su tiempo “como puede”, aunque su rutina no tiene mucho de descanso. “Un día normal es levantarme, ordenar mi cuarto, dejar listo mi escritorio para avanzar tareas o editar contenido de la marca”, nos cuenta Eva. Luego almuerza, asiste a clases hasta la noche y al salir de la universidad se dirige a grabar contenido.

Ella trabaja mientras sus compañeros de aula descansan plácidamente. “Lo más difícil es que como trabajo en las noches, llego cansada. Y si al día siguiente tengo cosas que hacer temprano, se vuelve más pesado”, confiesa Eva. Ha renunciado a salidas, a compartir con amigos y parte de su vida social. Pero también ha ganado algo que la llena de orgullo: independencia económica.

Entonces nos preguntamos: ¿Qué es lo que sostiene la determinación inquebrantable de estos jóvenes?

La psicóloga María Carranza Gutiérrez nos ofrece una mirada más profunda desde su especialidad: “Muchos universitarios deciden trabajar para apoyar monetariamente a su familia, pero también por el deseo de lograr una independencia económica o para asumir más liderazgo sobre sus vidas, pues los jóvenes adultos anhelan manejar su dinero de manera independiente”, sostiene.

Es por ese anhelo que renuncian a cosas que parecen superficiales, pero que en realidad son tan importantes como el aire que respiramos. El ocio, a menudo mal visto en este estilo de vida, es, en el fondo, ese momento de desconexión que necesitamos para descansar y recargar nuestras energías. “El ocio no es malo siempre y cuando no se haga por largas jornadas, veinte o treinta minutos de algo que nos apasione pueden marcar la diferencia”, señala la psicóloga.

Sin embargo, cuando esos momentos de ocio comienzan a desaparecer a causa del trabajo, el cuerpo y la mente comienzan a pasar factura. “Cuando una persona empieza a aislarse es porque siente que dedicar tiempo al ocio, a las amistades o al descanso le quitará tiempo valioso para sus estudios o su trabajo”, advierte Carranza Gutiérrez, quien sostiene que debemos estar atentos a las personas en esta situación, ya que pueden estar siendo consumidas por su jornada.

Ser joven universitario y trabajador en Perú no es tarea sencilla, pero es, sin duda, una muestra de la resiliencia de quienes han decidido forjarse un futuro para mejorar la calidad de vida de su familia, contribuir a la sociedad desde su profesión y desarrollarse como personas íntegras, incluso si eso significa sacrificar el presente. “Muchas veces es por un sentido de superación, y están en buen camino, pero no deben olvidarse de sí mismos, ni de que tienen propósitos más grandes”, reflexiona la especialista.



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