Gastronomía trujillana desata más gustos y pasiones
- Revista Chasqui
- 10 jul 2025
- 4 min de lectura
Una ruta gastronómica por algunos icónicos restaurantes trujillanos.
Por: Elizabeth Matallana Terrones y Cinthya Meneses Carranza

Nuestro recorrido gastronómico comienza a media mañana de un cálido domingo, cuando, en el Centro Histórico de Trujillo, nos abrimos paso entre las calles para llegar a nuestro primer destino culinario. A un par de minutos de la Plaza de Armas nos encontramos llegando a uno de los restaurantes más emblemáticos de la ciudad, ubicado en el jirón Orbegoso 311, El Rincón de Vallejo.
Apenas pisamos el interior, el sonido chisporroteante del aceite friendo la cebolla y el ajo resonando en el salón, nos dio la bienvenida. Caminamos entre las diversas mesas ocupadas hasta dar con un espacio libre para ambas tomar asiento, llegando a la zona del jardín, donde encontramos una mesa con una vista interesante de la cocina y los mozos yendo y viniendo por platos diferentes. El ambiente era acogedor y cálido, como si hubiéramos vuelto en el tiempo para disfrutar del Trujillo clásico, con sus acabados de madera en las paredes y mesas.
La elección era clara y no tardamos en ordenar: lomo saltado y ají de gallina. Nos atendieron rápido y, pese a lo concurrido que se encontraba el lugar por ser estar cerca la hora del almuerzo, no tardaron en aparecer con nuestro primer pedido en mano.
El lomo saltado llegó caliente, soltando un aroma profundo y envolvente: la carne se deshacía al pincharla, el tomate aportaba jugosidad y las papas crujían al morderlas. El arroz blanco, suelto, se llevaba los restos de salsa y dejaba el paladar listo para el siguiente bocado. Ningún ingrediente sobraba, todos estaban en el punto exacto para ser saboreados y apreciados.
Para el peruano, este plato bandera es actualmente uno de los más reconocidos por los turistas, gracias a su mezcla de sabores y técnicas culinarias. El lomo saltado, que nace de la combinación entre la comida criolla y la china cantonesa, a finales del siglo XIX, se destaca por su técnica salteada y uso de wok para su preparación.
Después de unos 10 minutos, trajeron el segundo plato. Degustamos el ají de gallina, que apareció con una exquisita salsa cremosa. Al probarlo, un suave picor nos hizo sonreír y la papa sancochada aportó esa fresca textura que equilibró la mezcla. Un sabor que nos conecta con la historia y nos recuerda el valor de su origen, en tiempos del Virreinato, cuando en un intento de adaptar las recetas europeas, el peruano innovó para crear algo sabroso y nuevo. La experiencia en El Rincón de Vallejo fue exquisita, y aunque muchos comensales lo catalogan como “caro”, el sabor de sus platillos le hace justicia a su reputación. Si tuviéramos que describirlo en una sola palabra, diríamos: auténtico.
Al día siguiente nos acercamos al restaurante El Cristal, ubicado en la avenida Túpac Amaru 765. La luz entraba con suavidad por las ventanas y en medio del murmullo de los platos y cubiertos, pedimos adobo de cerdo como entrada para degustar.
El primer bocado nos sorprendió: nos encontramos con una carne jugosa con salsa espesa con un ligero cítrico, que al combinarse se sentía suave al paladar. El punto de acidez preciso que da ganas de seguir comiendo.
Minutos después, llegó la patasca en un cuenco humeante. Inhalamos su calor y soplamos la cuchara antes de probarla, y al hacerlo nos topamos con un caldo espeso lleno de mote y mondongo, cada textura marcando su propio ritmo y complementándose la una a la otra. Coincidimos en que este plato se sintió más denso y rústico, como si estuviéramos lejos de la ciudad probando un manjar casero, una comida de campo llena de tradición.
La atención fue muy buena, salvo el tiempo que pasó para tener los platos en la mesa, los cuales se demoraron más si los comparamos con nuestra experiencia en el anterior restaurante. Aun así resaltamos lo clásico de su sazón con ese toque hogareño que te invita a querer visitarlos más seguido.
En nuestra tercera parada, el aire cálido y la guitarra en segundo plano nos recibieron en El Rincón del Jugador, restaurante ubicado justo en la avenida Metropolitana II.
Compartimos un ceviche mixto que llegó frío y listo para degustar: el limón en el paladar, la mezcla de sabores y textura que nos ofrecían el pescado fresco, los mariscos crujientes y el ají limo que daba el punto justo de sabor que necesitábamos saborear en ese momento, con un punto medio de picor para los amantes del ají y los que prefieren las comidas suaves. Pudimos pedirlo sin picante, pero preferimos vivir la experiencia completa al saborear el plato en su forma más clásica para los comensales. Este plato de excelencia, declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 2004, es la representación directa de la innovación del peruano. Su origen se remonta a los tiempos prehispánicos, donde se marinaba el pescado con jugos cítricos.
Hoy, el ceviche peruano, nuestro plato bandera, sigue conquistando el mundo y deleitando paladares en el extranjero.



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