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Sicariato en Trujillo: crímenes impunes y familias que claman justicia

  • Foto del escritor: Revista Chasqui
    Revista Chasqui
  • 10 jul 2025
  • 3 min de lectura

Familiares y amigos cuentan su dolor por perder a seres queridos debido a la violencia criminal en La Libertad, donde el sicariato deja heridas abiertas y exige acciones urgentes.

Por: Kimberly Del Rosario Rondón y Leonardo Sevillano Mercado

IMPUNIDAD. Los deudos de las victimas del sicariato no encuentran justicia
IMPUNIDAD. Los deudos de las victimas del sicariato no encuentran justicia

En el distrito de El Porvenir, la violencia no se borra fácilmente. A pesar del paso del tiempo, el dolor aún perdura como una marca imborrable de una desgracia que no cesa. Para muchas familias, el duelo sigue abierto, y la justicia sigue siendo una promesa incumplida.

Maykoll Jordano, también conocido como ‘Cholo’, era un joven de 25 años que soñaba con dejar atrás los errores del pasado. Según su mejor amigo, Javier Yupanqui, Maykoll había cambiado su estilo de vida y trabajaba como albañil junto a su padre. Sin embargo, el 20 de enero de 2023, todo cambió trágicamente.

“Estaba con la chica incorrecta. Su misma enamorada fue quien lo sembró”, cuenta Javier, con la voz apagada por la nostalgia. Aquella noche, Maykoll fue citado por su pareja en el parque Tumi de Oro. Llegó a las 8 p. m., como siempre, con ilusión, sin imaginar que era una trampa. Un sicario lo asesinó con dos disparos ,uno en la cabeza y otro en el pecho, y desapareció sin decir palabra.

Javier recuerda ese día con tristeza: “Me enteré mientras estaba de viaje por trabajo, quería ir a su velorio, pero no me dieron permiso”. Su voz se quiebra al contar cómo esperaba que todo fuera una broma, que Maykoll respondiera sus mensajes, pero ese reencuentro nunca ocurrió. A pesar del tiempo, no hay detenidos, ni condena, ni respuestas. “Tampoco atraparon al culpable, él debe estar viviendo su vida tranquilo, mientras nosotros sufrimos por su vacío”, reclama. “Solo pido justicia. El que me arrebató a mi hermano tiene que pagar por lo que hizo”.

Pero Maykoll no es el único. En junio de 2023, la violencia volvió a arrebatar otra vida: la de Elvis Zavaleta, conocido como El Briqueta, quien fue asesinado a tiros mientras celebraba un gol en una pichanga vecinal. Tenía 33 años, estaba separado y era padre de dos hijas pequeñas.

Un sujeto armado y encapuchado le disparó en la cabeza a plena luz del día, frente a su familia y amigos. Su sobrina, Keith Fernández, recuerda: “Murió apenas llegó al hospital, los doctores no pudieron hacer nada por él, el disparo fue mortal”. La escena fue desgarradora: “Lo quería tanto como a mi papá”, dice con lágrimas. En la cancha, sus padres lloraban sobre su cuerpo sin vida, mientras sus hijas gritaban sin entender la tragedia.

“Mis primas aún lloran. Pero cómo no hacerlo, él era un buen padre, responsable y presente. Yo también lo extraño”, comenta Keith, aún sin justicia ni respuesta oficial. A dos años del crimen, no hay culpables identificados y el caso permanece estancado.

El tercer nombre que se suma a esta lista de víctimas es Freicer Gallarday Mendoza, asesinado el 24 de abril de 2025. Dos sicarios lo interceptaron frente a la casa de su enamorada en la urbanización Mochica. Recibió más de 20 disparos mientras estaba dentro de su vehículo. Pese a los esfuerzos de su pareja por salvarlo, Freicer murió en el hospital.

Tenía solo 25 años, dos hijas pequeñas y una familia, que ahora está destruida por su ausencia. André Mendoza, su primo, denuncia con indignación que, aunque los responsables fueron capturados a solo horas del homicidio, habrían recuperado su libertad gracias al pago de una fianza. "Los soltaron como si nada hubiera pasado. Como si mi primo no tuviera familia, no tuviera hijas ni derecho a la justicia", afirma André. 

Hoy, la familia Gallarday exige que el caso se reabra, que los culpables vuelvan a ser detenidos y esta vez, no haya espacio para la corrupción. “Queremos justicia, verdadera justicia, no simples promesas”, enfatiza André.

Casos como los de Maykoll, Elvis y Freicer no son aislados. Reflejan una realidad trágica y cotidiana en La Libertad y muchas regiones del país: jóvenes asesinados a sangre fría, familias rotas por el sicariato y un sistema judicial que, según denuncia la abogada Ingrid Mejía, no responde.

“La corrupción en el sistema judicial peruano es una de las causas principales del crecimiento de las organizaciones criminales en el país. Cuando las autoridades venden su voluntad, se convierten en cómplices del delito”, explica la letrada.

De cada 10 casos de sicariato, solo la mitad identifican a un culpable, y de esos, apenas tres llegan a recibir una sentencia efectiva. Mientras tanto, los familiares sobreviven con dolor, frustración y un reclamo que se repite como un grito colectivo: “Justicia, justicia verdadera”.

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