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Trujillo colapsa: caos vehicular, obras inconclusas y transporte sin control

  • Foto del escritor: Revista Chasqui
    Revista Chasqui
  • 10 jul 2025
  • 5 min de lectura

Transporte público empeora en las calles de la segunda ciudad más grande del Perú, por lo que, autoridades deben tomar medidas urgentes.

Por: Damaris Valdiviezo Amaya

CAOS. Los trabajos de reparación de pistas hacen que el tráfico empeore.
CAOS. Los trabajos de reparación de pistas hacen que el tráfico empeore.

Año tras año, el país avanza, se anuncian nuevas obras, se producen más celulares inteligentes, el internet mejora su velocidad y hasta los autos eléctricos ya no parecen un sueño lejano. Sin embargo, hay lugares donde todo eso suena ajeno, donde el tiempo parece haberse detenido.

Estoy en la cuadra cuatro de la avenida Los Incas, son las siete de la mañana y el tráfico es un monstruo que ruge sin moverse. En esta parte de la ciudad, el tiempo no vale lo mismo. La fila de carros no avanza, las combis se detienen y un detalle importante: no hay semáforos.

Observo cómo un microbús de la empresa Salaverry Express intenta abrirse paso entre la congestión. Con más de seis años recorriendo la ciudad, Alex Olayo conoce mejor que nadie los nudos invisibles que cada día amarran a miles de vehículos en interminables colas.

“El tráfico es insoportable, y no ayuda que varias pistas estén cerradas por obras abandonadas”, comenta Alex, mientras recuerda que no siempre fue chofer: también es ingeniero civil de profesión, pero su pasión por los buses y el volante lo llevó a sumergirse en el transporte público trujillano, un sector donde la paciencia y el instinto de supervivencia son tan necesarios como el motor que impulsa su microbús. Su ruta principal conecta Trujillo con Salaverry, un recorrido que puede durar el doble de tiempo dependiendo de la congestión vehicular.

Señala que los problemas son varios: calles cerradas, obras inconclusas, semáforos malogrados y una falta de coordinación municipal que salta a la vista. “La avenida Túpac Amaru, por ejemplo, ahora es un cuello de botella porque cerraron un carril”, sostiene el conductor.

También menciona otras zonas donde el tráfico parece un castigo sin fin, como es el caso del ex- Mayorista, un verdadero caos que solo mejora si hay policías dirigiendo el tránsito, algo que no siempre ocurre.

En medio de este desorden, Alex reconoce a un enemigo claro: las combis.

“Esos vehículos no tienen GPS como los nuestros. Se estacionan en los semáforos hasta llenar todos los asientos y no avanzan; eso congestiona todo”, relata. En cambio, los microbuses como el suyo deben seguir horarios estrictos y enfrentan multas de hasta 72 soles si se atrasan demasiado. Esta presión los obliga a moverse rápido, a veces dejando pasajeros atrás o arriesgándose más de la cuenta.

A pesar del cansancio de cada día, Alex admite que algunas cosas han mejorado un poco. “Antes el tráfico en la avenida Los Incas a la altura del Mayorista era de una hora o más. Ahora si hay policías, se libera en 15 o 20 minutos”, reconoce. Sin embargo, no es muy optimista: mientras las obras sigan abandonadas, la informalidad aumente y las autoridades se preocupen más en sus intereses que en la ciudad, Trujillo seguirá atrapada en un desorden que no respeta horarios ni rutas.

Desde su asiento frente al volante, Alex ve a Trujillo como un tablero donde cada movimiento es incierto. Para él, manejar no es solo trabajo: es como librar una pequeña batalla contra una ciudad que, en vez de cambiar, parece haberse resignado a vivir entre el tráfico y el caos.

Unos metros más allá, en la misma avenida Los Incas, doña Rosario, una vendedora de pescado con el rostro curtido por los años y el humo del tráfico, también tiene mucho que decir sobre el tráfico caótico en esa zona. Está sentada junto a su balde de jurel, envuelto en hielo y plástico, mientras observa cómo algunos clientes se bajan del carro, caminan, compran apurados y se van.

“A veces ya no vienen. Se quedan atrapados antes de llegar y se regresan. ¿Quién va a esperar media hora por pescado?”, dice mientras aparta unas monedas. “Yo vengo desde Huanchaco. Salgo con mi carga bien temprano, pero llego tarde por esta pista. Y el pescado, si llega caliente, no se vende. Pierdo plata. A veces pienso en dejar esto, pero ¿a dónde me voy?”, se pregunta.

A unos metros, apurado y vociferando para que los pasajeros subieran rápido, estaba Julio, cobrador de la empresa California, quien también apunta a la misma dirección del caos.

“Toda la congestión está aquí. Desde que giras en Miraflores Alto hasta salir por Los Incas, es una tortura. Las combis se paran donde quieren, los taxis también. Nadie dice nada. A nosotros nos controlan el tiempo. Si nos demoramos, nos multan. Pero ellos nada, se quedan en los semáforos, esperan llenar y eso traba todo”, asegura.

Julio lleva cuatro años en el trabajo. “Aquí te haces duro o te vas. Yo ya aprendí a gritar sin perder la voz, a cobrar rápido y a correr. Llega un punto en el que te preguntas: ¿por qué tenemos que trabajar así? ¿Por qué nadie ordena esto?”, sostiene el cobrador. Su voz se apaga por un momento como si la pregunta no fuera para mí sino para el aire espeso que nos envuelve.

El mercado ex-Mayorista es un pulmón comercial vital para Trujillo, pero su entorno parece estar abandonado a su suerte.

Consultado sobre las acciones que se vienen desarrollando para enfrentar el caos del transporte, Carlos Cipriano Gonzales, gerente de Transporte, Tránsito y Seguridad Vial de la Municipalidad de Trujillo, señala: “Se están tomando medidas concretas para mejorar la seguridad vial y el orden en la ciudad”.

Una de ellas fue la reciente capacitación en infraestructura y seguridad vial en Trujillo, a cargo de especialistas del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), Provias y la Dirección de Seguridad Vial. El evento abordó temas claves como la planificación, ejecución y mantenimiento de vías, así como el análisis de puntos críticos y estrategias para una movilidad más segura. “Ya se culminó la ampliación del segundo carril en las cuadras 8 y 9 de la avenida Huamán, obra que será inaugurada pronto y que forma parte del esfuerzo por aliviar zonas de alta congestión. También se ha realizado señalización de rompemuelles, colocación de tachones en la avenida Metropolitana, así como monitoreos constantes en zonas de alto riesgo. Atendemos el llamado de los vecinos y los protegemos”, remarca el gerente.

El gerente añade que “se están realizando operativos para combatir el transporte informal”, como el efectuado recientemente en el km 534 de la Panamericana Norte, sector Río Hondo, con apoyo de Sutran, Fiscalía, Migraciones, PNP y otras entidades. “Nos comprometemos con una movilidad más segura, moderna y sostenible para Trujillo”, concluyó Cipriano.

Mientras sigo conversando, observo a Trujillo como un tablero roto, donde las reglas cambian cada segundo. Cada bocinazo, cada frenazo, cada maniobra forzada dibuja un mapa de frustraciones cotidianas. Y mientras en otras ciudades se habla de modernización del transporte y de movilidad sostenible, aquí seguimos atrapados entre el ruido, el polvo y la espera, ya que en la avenida Los Incas, el tiempo parece durar el doble.



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